Piezas defectuosas

Los poderes fácticos tienen adecuadamente controlados los resortes que permiten perpetuar en el poder el mismo modelo directivo.

Simplemente, tienes que aceptarlo.

El Sistema Educativo es una forma de criba convenientemente controlada desde el Estado para diseñar qué tipo de personas pueden ir subiendo de escalafón en la sociedad. Si no cumples con esos requisitos se te aparta,  se te ningunea… se te limita el acceso a los enormes beneficios sociales y económicos con que cuentan estos poderes fácticos. La vida se complica, no has seguido las normas. Haber pasado por el aro (título) como todo el mundo.

Otro método de control selectivo de aquellas personas que pueden o no “destacar” en el sistema son los medios de comunicación. Ellos deciden (sus órganos directores) qué tipo de persona puede o no servirse de ellos para ir accediendo a los diversos niveles de reconocimiento social. Si los medios no quieren difícilmente alguien tendrá acceso a las importantes audiencias con que cuentan. Y todos sabemos qué perfil demandan y muestran los medios de comunicación generalistas.

Otro “brazo armado” de estos poderes fácticos son las Corporaciones municipales, comunidades autónomas y ministerios. Aquí la cosa es evidente. Ellos deciden a quién ponen a su servicio los recursos económicos con que cuentan. Y olvídense de la “publicidad y libre concurrencia” que se supone que toda ayuda pública debe tener. El político gobernante sabe perfectamente cómo evitarla para beneficiar a quienes les interesa.

Además, este último apéndice del sistema es quien determina si se abren o no las puertas a los medios de comunicación generosamente patrocinados. Baste con tener el beneplácito de un Gobierno municipal, por ejemplo, para encontrarte con las puertas abiertas en la prensa local.

Pero podemos ir aún más lejos. La Justicia, subjetiva o moralmente cambiante en la Historia, es también un elemento sujeto a los vaivenes de los poderes fácticos del momento. Lo que era “justo” durante el franquismo ya no lo es en Democracia… y seguimos viviendo en el mismo país y con las mismas gentes. Ninguna sentencia emitida en un momento determinado soporta una revisión objetiva. Toda norma tiene un componente subjetivo del cual es imposible sustraerse.

Todo esto permite llegar a una conclusión: aquél que tenga intención de “trepar” en la sociedad debe aceptar los códigos impuestos por los poderes fácticos que son lo que, al fin y al cabo, diseñan la Educación, los medios de comunicación, los gobiernos y hasta coloca (mediante el habitual “intercambio de cromos” entre partidos) a los jueces.

El Sistema (o stablishment) se mantiene gracias a la renovación continua de sus elementos en un engranaje que no puede ponerse en duda por los no pocos episodios de pérdida de identidad colectiva que generaría la revisión de los principios que soportan la maquinaria social.

El engranaje, no lo olvidemos, diseña las piezas de repuesto.

Y si la “pieza” no ha pasado por el control de calidad del torno correspondiente… se tira.

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