Los institutos-cárceles, origen del fracaso escolar español

Origen del altísimo absentismo escolar en la Región: el trato normativo antipedagógico usado para “normalizar” el comportamiento de los alumnos en los institutos.

El modelo se rige por un espíritu normativo de régimen penitenciario tanto en las escenografía del edificio (muros con verjas, control de acceso, permisos para salir del aula…) como en las normas internas (prohibición de móviles, sumisión a las órdenes docentes, control absoluto hora a hora de lo que hace el alumno, videovigilancia…).

Los Reglamentos de Régimen Interior han acabado siendo un instrumento “de defensa” del profesorado y de los equipos directivos, lleno de artículos que protegen legalmente a los profesionales de la educación tanto de las reacciones naturales de los adolescentes a una escenografía “hostil” como de los padres pero que no cumple ninguna función de corrección conductual efectiva.

Porque las “correcciones” que se persiguen no usan instrumentos pedagógicos, que es lo que debería primar en el aula, sino que usa estructuras de castigo penitenciarias (o, si me apuran, de internado) inútiles para el objetivo final como es la formación integral del joven.

Los responsables de haber llegado a esta situación son, evidentemente, las autoridades educativas que han preferido sacrificar el verdadero sentido de la Educación blindando y protegiendo a los docentes por puro miedo y deformando a límites aberrantes la convivencia en los institutos.

Las consecuencias eran previsibles: rige la ley del rechazo frontal a la autoridad a través de un comportamiento cada vez más agresivo contra el sistema por parte de unos alumnos (y de los padres) incapaces de canalizar sus quejas a través de los cauces legales que poseen (delegados, representantes del Consejo Escolar…) dado que ya están convenientemente desactivada su posible capacidad de influencia.

La defección contra un Sistema Educativo que no usa criterios educativos para trabajar con los jóvenes va inevitablemente al alza tanto entre los alumnos como entre los padres que lo único que hacen cuando se quejan es pedir que el Estado use alternativas educativas adecuadas para sus hijos… que es como clamar en el desierto.

La solución: cambiar totalmente el formato a través del diseño de institutos “simpáticos”, como ya existe en otros países europeos, y crear reglamentos internos que cumplan una verdadera función pedagógica y no penitenciaria.

Y si es necesario renovar al profesorado, se renueva.

Solo así lograremos dar un salto cualitativo en la Educación de este país.

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