Los daños medioambientales se heredan

Muchos de los desastres medioambientales que sufrimos a nuestro alrededor tienen un recorrido intergeneracional con lo que su impacto se vuelve imperceptible a menos de cuarenta o cincuenta años.

Es el caso del bosque ahora protegido que hay en Atamaría en dirección al monte de Cenizas.

A poco que nos demos un paseo por allí veremos pocos pinos jóvenes y muchos ya viejos y caídos con una escasísima calidad del humus que debía proteger el bosque.

La tasa de regeneración de los pinos no lograr vencer la muerte natural de los más viejos y el bosque envejece.

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Mapa del III Plan de Desarrollo franquista donde aparece la previsión de construcción de La Manga Club.

A otros cuarenta o cincuenta años vista, si las urbanizaciones limítrofes no lo destrozan antes, ese bosque está condenado a su desaparición.

Pero ¿Cuándo empezó el desastre?

Cuando el franquismo puso en marcha el III Plan de Desarrollo Económico y Social correspondiente al cuatrienio 1972-1975 y autorizó la construcción del campo de golf de La Manga Club amparado en su apartado II.8.8 donde se concedía licencia para crear diecisiete nuevos campos de golf en España “…para incrementos adicionales en la demanda, elevar el nivel de gasto del turista y aumentar su estancia media”

Así Gregory Peters, al que inicialmente se le llamó para que construyera un pequeño campo de golf (de solo nueve hoyos) en los alrededores de la plaza Bohemia siguiendo el proyecto inicial de Bonet y Maestre, se encontró con un boyante negocio inmobiliario más allá de los terrenos “insalubres y de poco interés agropecuario” a que debían acogerse las urbanizaciones proyectadas hasta entonces.

Y Peters compró las fincas de El Coto, El Mojón y El Estudiante (que sumaban seiscientas hectáreas) donde trasladó un remedo del complejo turístico existente en Palm Springs en California anunciando que iba a construir campos de golf de treinta y siete hoyos y que la impresionante operación urbanizadora sobre uno de los pocos bosques naturales de la zona obligaba a remover un millón de metros cúbicos de tierra, enterrar sesenta mil metros de tuberías para riego, instalar mil quinientos aspersores pop-up Bukner y crear catorce lagos artificiales que ocuparían diez hectáreas.

Para ello fundó, el 25 de julio de 1971, la empresa “La Manga Campo de Golf S.A.”, con domicilio social en Madrid y un capital social inicial de 184.800.000 pesetas (repartidos en 1.760 acciones “al portador” de 105.000 pesetas cada una) cuya misión era, no solo la construcción del citado complejo, sino la captación de más capital interesado en invertir en el negocio inmobiliario para ir progresivamente ampliando el negocio… hasta donde le dejaran las leyes españolas futuras.

El proyecto fue presentado en el Ayuntamiento de Cartagena el 26 de noviembre de este año y aprobado por la Corporación municipal en enero del siguiente. Según el dictamen de la Comisión de Urbanismo y Planes de Ordenación la responsabilidad de la materialización del Plan Parcial Especial de las tres fincas recaía sobre Atamaria S.A. y La Manga Campo de Golf S.A.

Y aquí se sentó las bases del cambio que ahora, cuarenta años más tarde, estamos observando en Atamaría: hacía falta agua, mucha agua, y no había canalizaciones construidas.

¿Solución? Tirar de los pozos naturales y sobreexplotar los acuíferos de los bosques cercanos. Con el cuento acabaron secando los pozos Linde 1º, Linde 2º, La Rambla, La Pepa, El Algarrobo, Cabezo, La Huerta, El Intermedio, Conesa y Los Martillos para cubrir la demanda de agua que las obras, y futuros habitantes, iban a necesitar. El propio Peters llegó a reconocer, en rueda de prensa, que el complejo requería en esa época cuatro millones de litros de agua al día (lo que consumía un pueblo de unos trece mil habitantes).

Y, cómo no, los resultados de semejante disparate medioambiental lo sufrimos ahora la siguiente generación de vecinos de la zona.

El antaño bellísimo bosque que rodea la falta del monte de Cenizas en dirección a La Manga Club se ha quedado sin agua.

Su pinada agoniza y es incapaz de garantizar la supervivencia de nuevos pinos jóvenes ante la ausencia de la suficiente cantidad de agua en su subsuelo.

Una lástima que estemos pagando ese precio y que leguemos a nuestros hijos un planeta peor del que nos dejaron nuestros 11185814_1032683083427291_1516099003_npadres.

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Dos imágenes actuales del bosque de Atamaría entre Cenizas y La Manga Club. Un desastre ecológico no previsto hace cuarenta años: la sobreexplotación de acuíferos está secando el bosque e impidiendo tasas de regeneración de los pinos.

 

 

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One thought on “Los daños medioambientales se heredan

  1. Me encanta este artículo que no había leído.
    Continúa hablando, molestando, quejándote…continúa porque aunque uno a su alrededor no tuviera a nadie escuchando, aunque las palabras se las lleve el aire… siempre llegarán a algún lado. Soy una loca independiente, recicló todo lo reciclable, no como animales y un sin fin de cosas que pocos hacen y que muchos otros ni piensan…. Tal vez no vale para mucho pero lo hago como tu haces, porque es lo que me sale, porque ya vés que es de las pocas cosas que te dejan hacer sin dar cuentas a nadie (menos mal).
    Sigue hablando, sigue escribiendo para molestar, porque te da la gana, porque es tu grito en este mundo de mierda… en el que todos se quieren quedar y muy poquitos hacen. Esto es una maravilla de planeta y sobramos más de la mitad de la humanidad. Porque te da la gana….

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