Finalizando la Transición… cuarenta años más tarde

11141382_896155993766074_7949278846166736007_nA la detención y puesta a disposición judicial de un antiguo ministro de Economía, Rodrigo Rato, le hago yo mi particular lectura.

¿Cómo puede suportar este país la detención de toda su cúpula dirigente (social, política y económica) sin el desmoronamiento de sus estructuras?

O dicho de otra forma ¿se está autoinmolando “la casta”?

No es ninguna descabellada idea y, posiblemente, sea esa la hoja de ruta que le han marcado a Rajoy desde la UE o, quién sabe, desde los propios Estados Unidos.

España ya cuenta con un antecedente directo: la Transición.

Fue un periodo convulso de nuestra Historia reciente que causó cierto respeto internacional. Un país “semi-africano” con un potente sustrato autóctono irracional y con una histórica tradición a pelearse entre ellos, estaba siendo capaz de pasar de cuarenta años de dictadura a una Democracia de corte occidental de forma incruenta.

Y lo consiguió.

La comunidad internacional fue capaz de tutelar (si no de qué) ese paso con la inestimable ayuda de un joven Juan Carlos I y las no menos meritorias concesiones que hicieron, para la causa, desde la extrema derecha hasta el Partido Comunista.

Actualmente, nos encontramos en una segunda Transición o, si se quiere, en la finalización de la Transición de los setenta.

De la misma forma que ETA cayó en cuanto se estrangularon sus circuitos financieros ahora a la vieja casta, la de los caciques regionales que recibieron de regalo las comunidades autónomas para tenerlos calladitos, se les está asfixiando con las progresivas detenciones de sus capos.

Y en ello estamos.

De forma incruenta.

Ellos no lo saben (o sí) pero están cayendo, uno a uno, y dosificándose sus ingresos en prisión para que las estructuras del Estado no caigan de golpe. Una de les condiciones de la “hoja de ruta” marcada desde Europa.

Ahora queda la fase más delicada: la caída en desgracia de los cuatro últimos presidentes de Gobierno español como responsables políticos de semejante desaguisado.

Cuando González, Aznar, Zapatero y Rajoy pasen por ese escarnio público podremos decir que, por fin, hemos concluido la Transición iniciada en 1978.

A partir de ahí la cosa volverá a quedar en manos del pueblo español. A ver si somos capaces de crear nuevas estructuras organizativas que no estén basadas en la mafia y el comadreo.

Pero eso ya es cosa de una nueva generación… si aprendemos del pasado.

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