El timo de la pública y la concertada (o cómo crear una separación malintencionada de la Educación)

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Uno de cada cuatro alumnos españoles está matriculado en “la concertada”. Y no reciben ni mejor ni peor educación que en “la pública”

Los mensajes simples son muy socorridos tanto en la derecha como en la izquierda, al fin y al cabo tienen que lograr votos de gente que ni piensan ni se espera que piensen.

Y esa simpleza mental es la que provoca que ya nadie sepa qué es un centro educativo público, uno concertado y otro privado. Hay un especial interés en lanzar el mensaje no razonado de que la pública “es de todos e igual para todos” y que la concertada –que confunden con privada- “es para los ricos”.

Encima, tratan de inundar el ambiente con la verdad absoluta de que la calidad educativa está en la pública y de que si no lo está es porque la concertada “les quita recursos”.

Pero mienten. Aunque muy bien… todo hay que reconocerlo.

Vayamos por partes:

1.- No es cierto de que en la pública haya calidad educativa. De hecho, no la hay en casi ningún centro educativo español sea público, privado o concertado (a PISA me remito). La  calidad de la educación en España es un problema que trasciende ese matiz organizativo. Y tampoco es cierto que a más recursos más calidad. Los centros privados (no concertados) lo demuestran: dejan mucho que desear pedagógicamente hablando por mucho que tomen nombres anglos para venderse.

2.- La red de centros concertados se creó ante la incapacidad real de que el Estado pudiera absorber la escolarización de todos los niños y adolescentes en edad de escolarización. De hecho, todavía hoy, “la pública” no podría asumir el volumen total de matriculaciones que la Ley le exige (los concentrados representan el 25% del total de alumnos). Por consiguiente, hacer desaparecer la red de centros concertados sostenidos con fondos públicos es, técnicamente, imposible.

3.- Los centros concertados están, efectivamente, sostenidos con fondos públicos. Los profesores reciben sus nóminas directamente de las consejerías correspondientes (pago delegado)  y, a todos los efectos (tramitación de notas, matriculaciones…), se consideran centros adscritos a los institutos o colegios públicos más cercanos. Los dueños de los locales, que deben reunir unas condiciones muy exigentes para poder impartir clases, reciben a cambio un miserable dinero para el mantenimiento de las instalaciones que, a veces, no llega ni para pagar Secretaría o Limpieza. Tan miserable que muchos centros rozan la ilegalidad “invitando” a los padres a hacer pagos mensuales (sobre todo los religiosos, muy amigos de pedir ayuda para todo). Aunque eso de pedir dinero ya lo hacen hasta los públicos (comedor, autobús, material escolar, actividades extraescolares…) convertidos en auténticos sacacuartos que hace poner en cuestionamiento hasta eso de que “la pública es gratuita”. Realmente, es mentira.

4.- El que existan tantos centros religiosos concertados se debe simplemente a una lógica aplastante: eran los que detentaron la hegemonía educativa en España durante el franquismo y, por lo tanto, se encontraron en los setenta y ochenta con unas excelentes instalaciones educativas que ofrecieron al Estado para poder cubrir las necesidades de escolarización que había. Pero no todos los centros concertados son religiosos. Hay muchas academias que, hábilmente, se colaron en la red de centros concertados y lograron impartir enseñanza reglada en sus instalaciones.

5.- Los privados, los de los ricos, ni les afecta ni les importa el problema que tiene la pública y la concertada. Son unos pocos centros que cobran en torno a los 1.000 euros al mes a las familias que puedan pagarlo aunque, como ya hemos dicho, tampoco eso les garantiza calidad educativa. En la mayoría de los casos se paga esnobismo, no calidad. Y cada uno con su dinero puede hacer lo que le dé la gana.

6.- El pasar o no una oposición para considerarse “profesor de verdad” es la mayor de las estupideces que se puede oír y defender. Hay muchos y malísimos docentes con oposición aprobada así como hay grandes inútiles en la concertada. Y a la inversa, nos podemos encontrar excelentes docentes en la concertada y en la privada, metidos por enchufe sin haber opositado, al mismo nivel que en la pública. Otra cosa es que el porcentaje de buenos profesores en este país sea bajísimo pero eso, muy probablemente, quien deban resolverlo sean las universidades que imparten Magisterio y Educación y la ridícula nota de corte que ponen para admitir alumnos (5,5 mientras en otros países piden hasta “nueves” como aquí Medicina).

Que no os engañen. El debate no es pública vs. concertada. El debate es calidad-educativa vs. lo-que-hay-ahora-en-este-país.

Que eso sí que da pena.

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