El franquismo y la institucionalización de la violencia de género en España durante cuarenta años

Echarle un vistazo a los libros de texto impuestos a los españoles durante el franquismo permite comprender el profundo proceso de lobotomización que sufrió España durante cuarenta interminables años…

“La vida de toda mujer, a pesar de cuanto ella quiera simular –o disimular- no es más que un eterno deseo de encontrar a quien someterse. La dependencia voluntaria, la ofrenda de todos los minutos, de todos los deseos y las ilusiones, es el estado más hermoso, porque es la absorción de todos los malos gérmenes –vanidad, egoísmo, frivolidades- por el amor” (Revista de la Sección Femenina, agosto 1944)

“La esposa viene obligada a seguir a su marido adonde éste se establezca, a obedecerle, a no enajenar los bienes sin el consentimiento del marido o, en su defecto, sin cumplir lo que entonces disponen las leyes”.

“Es lamentable la costumbre moderna de muchas jóvenes de andar por las calles en mangas de camisa o aún más ligeras de ropa, tal costumbre denota poco respeto para con sus ciudadanos y rebaja el prestigio de civilidad de las poblaciones que sufren tales libertades”. (Enciclopedia de Grado Medio, Editorial Dalmau, 1950)

“Una mujer que tenga que atender a las tareas domésticas con toda regularidad, tiene ocasión de hacer tanta gimnasia como no lo hará nunca, verdaderamente, si trabajase fuera de su casa. Solamente la limpieza y abrillantado de los pavimentos constituye un ejemplo eficacísimo, y si se piensa en los movimientos que son necesarios para quitar el polvo de los sitios altos, limpiar cristales, sacudir los trajes, se darán cuenta que se realizan tantos movimientos de cultura física que, aun cuando no tienen como finalidad la estética del cuerpo, son igualmente eficacísimos precisamente para este fin”. (Revista de la Sección Femenina, marzo de 1961)

En fechas tan recientes como la década de los sesenta (hace solo cincuenta años) los libros de texto supervisados por los curas y dirigidos a mujeres adolescentes estaban plagados de comentarios que, en justicia, deberían de denunciarse ahora por el daño causado a generaciones enteras de españoles. En el libro “Economía doméstica para Bachillerato y magisterio” se podían leer párrafos y más párrafos de auténtico terrorismo machista:

“En el momento de su llegada [dirigiéndose a la mujer] escúchale, déjale hablar primero; recuerda que sus temas de conversación son más importantes que los tuyos. Nunca te quejes si llega tarde, o si sale a cenar o a otros lugares de diversión sin ti… No le pidas explicaciones acerca de sus acciones o cuestiones, su juicio o integridad. Recuerda que es el amo de la casa.

Si tu tienes alguna afición, intenta no aburrirle hablándole de ésta, ya que los intereses de las mujeres son triviales comparados con los de los hombres. Al final de la tarde, limpia la casa para que esté limpia de nuevo en la mañana.

Una vez que ambos os hayáis retirado a la habitación, prepárate para la cama lo antes posible, teniendo en cuenta que, aunque la higiene femenina es de máxima importancia, tu marido no quiere esperar para ir al baño… si debes aplicarte crema facial o rulos para el cabello, espera hasta que él esté dormido, ya que eso podría resultar chocante par un hombre a última hora de la noche. En cuanto respecta a la posibilidad de relaciones íntimas con tu marido, es importante recordar tus obligaciones matrimoniales… si tu marido sugiere la unión, entonces accede humildemente, teniendo siempre en cuenta que su satisfacción es más importante que la de una mujer. Cuando alcance el momento culminante, un pequeño gemido por tu parte es suficiente para indicar cualquier goce que hayas podido experimentar. Si tu marido te pediera prácticas sexuales inusuales, sé obediente y no te quejes”.

Y la cosa no quedaba en los coles. Libros como “Vida conyugal y sexual” de un tal Federico Corominas (presidente de la Real Academia de Medicina de Barcelona), y publicado en 1964, decía burradas como estas:

“Jamás, por ningún motivo, por muy fundado que parezca, la mujer debe rechazar una caricia del marido. En sus relaciones sexuales [la mujer] ha de procurar tomar parte, o a lo menos fingir que toma parte activa en el común goce sexual, con lo cual aumentará el del marido, y éste, al verse correspondido, no buscará fuera de casa lo que podría encontrar a faltar en ella”

Resumen extraído del libro “Historia de España para adultos. Moderna y Contemporánea” (Bubok, 2010).

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