Diseña tu propio curso escolar… sin hacer homeschooling

¿Hay formas de “saltarse” el estilo que impone el Sistema Educativo español en los Institutos por otras más sensatas, racionales y prácticas sin llegar al homeschooling? ¿Podemos diseñar para nuestros hijos un curso más llevadero sin que peligre su aprobado?

Pues sí. Solo hay que conocer en profundidad las normas para crear un curso “a la carta” y, por supuesto, contar con la voluntad y compromiso del joven (sin voluntad, evidentemente, ni de una u otra forma llegamos a ningún lado).

Vayamos por partes:

En primer lugar matriculemos a nuestro hijo en el Instituto y curso que le corresponde o toque.

Al inicio de curso el joven debe solicitar las programaciones de todas las asignaturas. Conviene recordar que estas programaciones, aprobadas al inicio de curso por los claustros, son públicas y es donde aparecen los contenidos a estudiar, los libros de texto, los mínimos necesarios para aprobar y, lo que es más importante, las fechas de evaluación y recuperación.

Una vez estudiadas las programaciones de todas las asignaturas puedes decidir dividir el curso en dos renunciando a las asignaturas que quieras dejar para el año que viene. La Ley te lo permite y eso hará que no presentarte a los exámenes no computen como suspensos ni corran convocatorias.

Cuando decididas las asignaturas debes saber que casi todos los Reglamentos de Régimen Interior establecen un porcentaje de asistencia obligatoria a clase superior al setenta por ciento. Es lo que llaman “clases presenciales”.

No te preocupes. Ese tema no va contigo.

Notifica a tus profesores que no tienes intención de respetar esa regla y que aceptas el 1 como nota de evaluación por “falta de asistencia”. Tú te vas a preparar el examen de recuperación a la que tienes derecho en cada evaluación donde ya no pintan nada los trabajos que mandaron clase, ejercicios ni deberes. Fecha que ya debe estar fijada en la Programación de las asignaturas. Además, no lo olvides, si no aprobaras la recuperación tienes derecho a otra en junio.

Tu “jornada laboral” son las seis horas que la Ley obliga a estar en los institutos pero tú las vas a destinar a lo que creas conveniente y necesario. No existe ninguna norma que te impida entrar al instituto a la hora que te dé la gana (otra cosa es entrar a mitad de clase y molestar) y tienes todo el derecho del mundo a asistir a las clases puntuales donde te hayan dicho tus compañeros que van a tratar un tema que te interesa. Y, por supuesto, cuando hayas considerado que el profesor ha explicado lo que tenía que explicar te puedes levantar de clase y largarte a la biblioteca (eres alumno del centro) o a la calle. Nadie tiene porqué impedírtelo. No estás en una cárcel.

Esto va a hacer que frían a tus padres a notificaciones vía SMS por tus faltas a clase, si eres menor de edad, y con los famosos “partes disciplinarios” que tanto gusta a los profes. Pero no te preocupes, los partes pueden afectar a la nota de evaluación pero no a la de recuperación. Guárdalos de recuerdo. Además, las posibles broncas que puedas recibir de tus padres ya están desactivadas: ya lo habremos pactado antes con ellos. Y con la de los profes limítate de decirles que no puedes perder el tiempo… que te vas a la biblioteca.

Posiblemente, algún profesor le va a parecer “inadmisible” estas formas y querrá suspenderte como sea.

Tampoco pasa nada. En primer lugar porque vas a ir lo suficientemente preparado (es tu compromiso) y, en segundo lugar, porque el profesor tiene que justificar tu suspenso con los criterios evaluadores que él haya redactado en la programación de su asignatura, entregado en septiembre y de los cuales tienes copia.

Si aun así te suspende ya sabes que tienes todo el derecho del mundo a pedir que el departamento correspondiente te corrija el examen.  Y el departamento tiene autoridad sobre el docente para modificar la nota ya que, si deciden mantener el suspenso de uno de sus miembros sin poder justificarlo con la programación aprobada, están cometiendo, simplemente, prevaricación.

De esta forma diseñas un curso a tu antojo, evitas tener que estar “encarcelado” seis horas haciendo lo que no quieres hacer y estando donde no quieres estar y, lo que es más importante, eres dueño de un aprendizaje consensuado con tus padres, que estarán encantados de ver cómo gestionas tu propio aprendizaje, y te preparas para la vida adulta sin necesidad de tutela de nadie.

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