“Bajarse del trono” en el aula

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Oficinas Google en Zurich. Los trabajadores curran como y donde quieren. El rendimiento aumenta, no decrece.

Trabajar con adolescentes implica cuidar mucho la escenografía.

Y una forma de “entrarles”, e iniciar la necesaria y anhelada empatía con el grupo, es renunciando voluntariamente a todos aquellas prerrogativas que el Estado te concede por el mero hecho de ser profesor.

Me explico.

Renuncia a tu mesa el triple de grande que las suyas, a tu exclusivo ordenador, a tu privilegiado armario donde guardar las cosas… bájate de la tarima para hablarles. La clase es de ellos, no tuya.

Renuncia a todo aquello que ellos no tengan.

Mientras no haya que explicar nada en la pizarra mézclate con ellos, siéntate en alguna mesa libre del aula, deja tus cosas a su alcance como ellos dejan las suyas al tuyo.

Y no temas nada. El solo gesto les hace ser respetuoso con tus cosas.

Además, así, el grupo se dirige “desde dentro”. Sin imposiciones, desde un liderazgo aceptado por la mayoría.

Cuando llegues tarde o te suene el móvil dales las mismas explicaciones y discúlpate como tú les pides que lo hagan cuando lo hacen ellos.

Cuando te equivoques, reconócelo; cuando no sepas algo, reconócelo; cuando la mayoría no se entere de algo, verbalízalo: has fallado. Es tu trabajo y ellos (sus padres, a través de los impuestos) te pagan para eso. Vuelve a explicarlo de otra forma o deja que lo explique alguno que lo haya entendido.

Haz que se sientan a gusto en clase. Que se respire el ambiente que ellos quieran.

¿Qué ponen los pies encima de la mesa para hacer un trabajo de clase? Que lo pongan. Qué más da. Hacerlo o no es un matiz irrelevante. Mientras cumplan objetivos académicos y plazos bienvenidos sean los pies encima de la mesa.

Son jóvenes y de culo inquieto ¿necesitan estar de pie, moverse, cambiar continuamente de sitio en el aula, salir de clase en cualquier momento? Que lo hagan. Os sorprenderá qué pronto se regulariza la situación y dejan de hacerlo en cuanto se les permite… la mayoría de las veces hacen todo eso para joder “el orden impuesto”. Si no hay orden no hay respuesta distorsionadora.

¿Necesitan música ambiental? Adelante.

¿Tener el móvil conectado para decirle a su novia lo qué está haciendo? Sin problemas.

A cambio de todo eso ya saben lo que hay: unos mínimos programados en las asignaturas, unos plazos con una temporalización y tienen que acreditar haber asimilado determinados conocimientos.

Por supuesto, no hace falta acreditarlos a través de los casposos exámenes individuales. Hay muchas formas de saber si han alcanzado los mínimos sin obligarles a pasar estresantes exámenes sin las chuletas asociadas.

El período de adaptación del grupo al modelo de convivencia horizontal propuesto (de igual a igual) suele durar unos tres meses. Pero una vez han captado la idea los resultados son espectaculares.

Llegará un momento donde el grupo funcionará solo, sin tu presencia. No la necesitarán. Acabarán autogestionando su tiempo y su trabajo.

Habremos creado adolescentes responsables.

Y todo porque el profe “se baja del trono”.

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